Breve historia de Santa Cruz

Manuel Hernández González

Profesor Titular de Historia de América

de la Universidad de La Laguna

SANTA CRUZ DE TENERIFE.

LOS ORÍGENES DEL PUERTO. CAPÍTULO I

El territorio aborigen conocido por el nombre de Añazo se corresponde con el puerto de Santa Cruz. Esa denominación se aplicaba a la ensenada existente entre los barrancos de Santos y de Tahodio. Integrado en el menceyato de Anaga, su población prehispánica, de la que se han conservado algunos restos arqueológicos en cuevas sepulcrales, subsistía básicamente de la ganadería. En el actual término municipal de Santa Cruz las áreas de mayor poblamiento debían corresponderse con San Andrés y Taganana.

Los primeros intentos de ocupación de Tenerife se dieron por parte de Diego García de Herrera, marido de Inés Peraza, Señora de las Islas, en 1464, precisamente con el desembarco en el puerto del Bufadero en el barranco de ese nombre. En él pactaron con los aborígenes de la zona la fabricación de una torre en Añazo, iniciada poco después de ese hecho, y que se convertiría desde entonces en punto de partida de todos sus desembarcos y correrías. Entre 1764 y 1677 se desarrollaron paulatinamente relaciones comerciales entre los indígenas de esa costa y los españoles. Pero a partir de ese año tuvieron que retirarse por verse obligado los señores de las islas a ceder la soberanía y el derecho exclusivo de los Reyes Católicos sobre las tres islas más pobladas. En esa situación ambigua la torre debió de arruinarse y venirse abajo. Los contactos debieron de limitarse a la predicación misionera y a la trata de esclavos.

En 1494 comienza la conquista por parte de los Reyes Católicos de la isla de Tenerife bajo la dirección de su Adelantado y conquistador Alonso Fernández de Lugo, tras el fracaso previo de Francisco Maldonado, Gobernador de Gran Canaria, que fue derrotado en las inmediaciones de Ofra. Santa Cruz sería el inicio de las dos expediciones de ocupación. La razón era lógica. Por una parte pertenecía a los bandos de paz, con los que se tenía mejores relaciones, por otra era el mejor puerto de desembarco para todos aquellos que se dirigían a la isla desde Gran Canaria. Junto con ello se añadía otra ventaja, era el punto de acceso a la meseta de la Laguna, eje central de todos los caminos de la isla.

En abril o mayo de 1494 tuvo lugar la primera entrada de Lugo a la isla por el puerto de Santa Cruz  coetánea con el 3 de mayo, día de la Cruz,  fecha con la que tradicionalmente se hace coincidir esa arribada por intereses político-religiosos obvios. De esa forma en las dos campañas en el entorno del barranco de Santos, Santa Cruz fue el real de la conquista, el punto de partida de las operaciones militares. En él se edificó una torre de defensa, se contó con una guarnición y un cuerpo de guardia y desde él se recibieron los víveres necesarios para las operaciones.

Referente simbólico de esos orígenes es la llamada cruz de la conquista, hoy conservada en la iglesia de la Concepción, que vincula la trama bélica con el cristianismo a través de ese elemento, de la fecha del 3 de mayo y de la supuesta celebración de la primera misa que sirven como instrumento justificativo de la conquista, aunque evidentemente ninguno de ellos tengan certeza histórica.

La primera edificación religiosa de la localidad será la ermita de la Consolación, construida en torno a 1496. La futura parroquia surgida inicialmente con la advocación de la Santa Cruz. Llamada desde mediados de siglo de la Concepción, tuvo sus comienzos hacia 1499 o 1500.

Los orígenes de Santa Cruz como población están vinculados al hecho de ser la salida natural de las importaciones y las exportaciones de la capital de la isla. Su población combinó el pastoreo de sus habitantes en sus numerosos eriales con una incipiente agricultura de subsistencia en especial en la tierra fértil de sus barrancos por los obstáculos acontecidos por la escasez de agua. La elite mercantil residía sin embargo en la capital insular, quedando sólo en sus caletas un reducido número de pescadores y marineros, ya que el grueso de las transacciones se efectuaba en La Laguna.

Su población autóctona fue mermada por la esclavitud y el destierro  decidido por el conquistador. Las protestas ante la Corona llevaron a que una parte se ellos se integrase en el medio urbano, mientras que el resto siguiera residiendo en cuevas  entre Santa Cruz y Punta de Anaga dedicado al pastoreo. A ese grupo auctóctono se le unieron gomeros expulsados de su isla natal.

Durante el primer tercio del siglo XVI Santa Cruz no debió de superar la cifra de 70 vecinos, unas 350 personas. En 1552 alcanza los 446. En 1584 sigue siendo un lugar pequeño, azotado por la peste y condenado a la inactividad. En 1587 sólo contaba con 275 habitantes. El raquitismo de su población se mantiene a lo largo del siglo XVII. Con todo se duplica hasta alcanzar los 2.472 personas en 1676. Pero la migración por levas o por la incitación a buscar un mejor futuro sigue siendo algo generalizado en ella, a pesar de ser el siglo XVII una centuria de expansión económica generalizada en la isla. En la década de los 80 sabemos que muchos de sus pobladores se encaminaron a la isla de Santo Domingo para fundar San Carlos de Tenerife. La primera crisis de la segunda mitad del Siglo XVII, derivada de la emancipación de Portugal en 1640, que originó la pérdida del mercado lusitano colonial para el vidueño, un vino de mesa que tenía como destino preferente Brasil y las posesiones africanas, y la prohibición de su exportación a las británicas de América, se notó con particular crudeza en ese puerto tinerfeño, por lo que la migración alcanzó en el ribetes preocupantes.

El siglo XVIII es la época de la expansión urbana y demográfica santacrucera. En 1707 apenas tenía 1707 habitantes. En 1739 alberga 6.000 y en 1768 7.399. Pasa de ser la quinta a la segunda población de la isla. Un crecimiento que con altibajos, la migración en la segunda mitad del siglo fue considerable, mantendrá a lo largo de la centuria. A principios del XIX el censo de Escolar le da una cifra de 6.989 personas. La razón económica de ese crecimiento es su conversión en el puerto único del comercio con las Indias españolas desde el Reglamento de 1718, el único de retorno de ella en todo el archipiélago, a lo que se une el papel cada vez más creciente en la intermediación, importando productos coloniales con destino a los puertos europeos y exportando de éstos hacia las colonias manufacturas, una situación que será particularmente ventajosa en épocas de guerra a través del empleo de buques neutrales. No sería casual que su mayor prosperidad en ese período fuera la época del bloqueo napoleónico entre 1796 y 1814, en el que su principal riqueza sería el desarrollo de esas actividades mercantiles.

 
 

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